Pocas son las personas que tienen la suerte de librarse del terrible dolor de espalda y cervicales por la tensión acumulada. El ritmo de vida actual, que a menudo implica muchas horas en el trabajo, presiones, prisas, una difícil conciliación laboral y familiar y poco tiempo para poder realizar actividad física y relajarse, conlleva definir una sola frase, “mucho estrés”, esto suele traducirse en tensión muscular e incluso, puede ser muy dolorosa para algunas personas.
Pero aunque parezca que no se pueda actuar sobre todos estos factores, sí que se puede controlar la manera cómo se enfrenta y gestiona el estrés. Por ello, en este artículo, se enseñan algunos trucos que se pueden aplicar en el día a día para aprender a rebajar la tensión y su impacto en el cuerpo.
¿Qué es la tensión muscular?
El término tensión muscular se refiere a la rigidez muscular provocada por una contracción continua de uno o más músculos. Se manifiesta por pequeños nódulos o protuberancias detectables por el tacto. Esta tensión puede afectar a cualquier músculo, pero tiende a desarrollarse principalmente en el cuello, el útero, el trapecio, la región lumbar y las piernas. Aunque no se considera una patología real, puede reducir significativamente la calidad de vida de los afectados, ya que impide las actividades diarias normales, así como los deportes o el trabajo.
Origen de la tensión muscular
El proceso de tensión muscular, se da a través de un complejo sistema de comunicación intracelular, liberando en la fibra muscular excitada, moléculas que activan la energía química que será la responsable de que se acorte la fibra muscular y se produzca la contracción. Cuando el estímulo nervioso cesa, la liberación de estas moléculas cesa también y se inicia un proceso de reabsorción y el músculo alcanza el estado de reposo.
Cuando el aumento de tensión es constante y prolongado no permite el proceso de reabsorción adecuado llevando a la acumulación de ácido láctico y metabolitos tóxicos en el músculo. El cuadro empeora con la falta de movimiento, que disminuye aún más el flujo sanguíneo y la oxigenación.
Cuando el estrés se convierte en un estado crónico, los músculos jamás se relajan manteniéndose en un estado de tensión constante.
Síntomas de la tensión muscular
Generalmente, los principales síntomas de la tensión muscular son:
- Rigidez muscular y pesadez.
- Contracturas musculares y músculos rígidos al tacto.
- Dolor en ciertas zonas del cuerpo, especialmente en la espalda, hombros, cuello, mandíbula y entrecejo.
- Mareos y dolor de cabeza de tipo punzante, en caso de tensión muscular localizada en las cervicales.
- Calambres, si la tensión muscular es en las piernas.
- Hormigueo, si la tensión de los grupos musculares provoca compresión de algún nervio.
- Debilidad muscular.
- Movilidad reducida.
- Cansancio.
- Ansiedad.
- Irritabilidad.
- Insomnio.
¿Cómo evitarla?
La tensión muscular son contracciones continuas del músculo o de parte de él. Aparecen en forma de un dolor muscular molesto que limita las actividades de una persona y su bienestar diario. Estas contracturas son consecuencia de la tensión, el estrés, las actividades inapropiadas e intensas. Para evitar la tensión muscular, es importante tener una forma de vida libre de estrés, adecuando una rutina con actividad física y descanso.
Recomendaciones
- Hacer ejercicios de estiramiento.
- Aplicar calor en la zona afectada.
- Realizar ejercicio regularmente.
- Practicar yoga.
- Mantener una postura correcta.
- Calentar los músculos antes de hacer ejercicio.
- Practicar métodos de relajación.
- Mantener un estilo de vida saludable.
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